Fluyen las palabras como lava del volcán

sábado, 2 de junio de 2012

LA PALABRA


     




      LA PALABRA

La palabra se escapó por la ventana de la habitación del fondo. Aquella la que tiene cortinas azules y sus paredes tonalidades damasco.
La muy astuta voló por los cielos y se instaló sobre la rama del roble.
Y quede en silencio.
Sin voz.
Sin palabra.
Me cosquilleaba la garganta, abría la boca y Nada!
Mis ojos, marrones terrosos, pedían ayuda, y mis manos trataban en vano en hacer gestos para llamar la atención.
La palabra se había ido.
Quedé atrapada en un dialogo interno.
Solitario.
Único.
Monologo autista.
Sola.
Ella se reía, a través de las hojas podía ver su boca grana.
Me siento, en el viejo sillón de hierro en la galería que da al oeste, justo frente al roble. La miro, cuando así de pronto, como relámpago y trueno, en tarde de tormenta, me tira con una letra convertida en bellota. La atrapo, es una ve corta de ángulo filoso, agudo, incoloro.  La observo por todos lados, que letra fuerte, pienso.
Siento bajo mis pies, algo duro, creo es una ramita delgada, derechita del mismo roble, pero no, me equivoco. Otra letra que me tira la palabra.
La guardo junto a la anterior.
Esquivo casi milagrosamente algo parecido a un bumerang, pero de aristas mas pronunciadas, no regresa a mi, cae silenciosa sobre mi falda.
La palabra se sonríe, mirándome con picardía.
Toma impulso y la veo, casi con tristeza, saltar alto, tan alto que se pierde entre un cielo oceánico y profundo.
La perdí, pienso, definitivamente.
Comienzo a unir las letras que me quedan.
De una forma, de otra.
No encuentro significado alguno, cuando de pronto un ruido a cristales rotos me sobresalta y una letra redonda grande,  brillante como luna llena cae junto a mis otras letras.
Casi sin percibirlo, un sonido sale de mi garganta despacito. Se arremolinan las letras y al azar  forman la palabra.
Me asombro cuando de entre mis labios entreabiertos vuelvo a leer en voz alta

                                          V I V O


ESQUINA AZUL






           ESQUINA AZUL

Cuando el tiempo sea solo un instante en la inmensidad del todo en mi nada, quizás una leve caricia, mágica pluma de paloma lejana rozará mi piel.
Quizás un beso sutil candoroso de unos labios etéreos perdidos en el trayecto del tiempo se depositará en los míos, y mi cuerpo, tiritará de amor al recibirlo.
Quizás, tus manos recorriendo los senderos de mi campo sin arar,  encuentren en algún recodo las ansias de permanecer ahí.
Cuando el tiempo sea,  jaula de pájaro abierta y vuele hacia mí tu amor, quizás la fina llovizna de mis ojos no mojen las mejillas pálidas del desencuentro.
Quizás, tus brazos tomen, huracanados, mi tallo fino de larga espiga y la cobije de los nubarrones otoñales que lo amenazan vilmente.
Quizás esa lejana ausencia que arrebata tu cuerpo del mío... se torne piadosa por un instante sublime, una los mares y conjugue olas que mojen la misma playa.
Cuando el tiempo sea solo un instante en la inmensidad de mi todo, volaré hacia ti amor, y dejaré la nada en la esquina azul del olvido.

ARENAL




                      ARENAL

Desconozco al río.
Piedras quedan en sus orillas bañadas ayer por aguas caudalosas
Desconozco al río, lecho seco hoy, cuando mis manos no encuentran atemperar el ardor intrínseco.
El árbol de su orilla extendiendo sus raíces rastrea un atisbo de humedad, mientras un cielo miente una luna y las nubes se ausentan impidiendo las lluvias.
Cauce seco.                                                              
Río.
Olvido.
Ya no tengo espejo, inútil fue el dique que soñaba otro destino, hoy solo queda el vacío entre dos peñascos.
Cauce seco
Río
Olvido
Arenas absurdas que castigan mis ojos, lágrimas que hieren caen, para impregnar la tierra y revivir al árbol.
Agonía sin clemencia.
Indiferencia.
Cauce seco
Descuido…
Desconozco al río.


viernes, 22 de abril de 2011

TIEMPO EQUIVOCADO



Tiempo Equivocado


Lo vuelvo a dejar nuevamente sobre la mesa. Me quedo sentada en la silla del comedor, mis manos descansan sobre el repasador verde, que está en la mesa frente a la ventana que da al jardín de amapolas rojas recién abiertas.
Lo miro fijo, hace un mes que no emite ruido alguno. Parece muerto, pero no lo está. Negro, pequeño, con minúsculos círculos blancos que no distingo qué son, si no me coloco los anteojos. Y sigue ahí, inmutable. Magnánimo, desafiante. Se jacta de mi desesperación, prorrumpiendo cada dos días un pequeño bip bip.
Mis jornadas sin ti, días perennes, sin divagaciones, neutros, anquilosados. Paralizados por la inercia que el desgano impone.

Seguir... Seguir?
El camino está mutilado. Se amputó un trozo de mi ser. Y ese negro que se apodera de mis pensamientos y no responde a las suplicas de que reviva con un ruido diferente que haga saltar mi corazón en alegrías espaciales.
Intolerable su indiferencia. Vergonzosa mi ansiedad.
Y expreso un grito, un basta que resuena en los oídos de los ausentes. Me rebelo contra mí.
Acerco mi mano temblorosa, es el término, el final de una angustia ácida. Tomo el celular y marco los números indicados.
Una voz de mujer me indica que el número solicitado no pertenece a un abonado en servicio.
Corto bruscamente.
No es tiempo de llamar al cielo para una habitación.

domingo, 13 de febrero de 2011

DESATANUDOS





Desatanudos...


Atada a ti entre medanos de arena que me envuelven sofocándome, sin la verdadera piel que me tendría que cubrir, creo morir lentamente.

Serpiente que inyecta con sus colmillos ponzoñosos, cada día, un poco de su veneno, y cae la estima en un sopor nebuloso.
La noche cierra los ojos calmando el martirio, una luna plata, manta tibia nocturna, hace de olvido.
Me despierta una luz y el trueno sobresalta mi corazón.


Termino... Final... Desenlace.


Me levanto, resorte humano, y BASTA se asoma triunfante.

Se desata el nudo, y el hacha juega con el aire y cae golpeando la cabeza de la serpiente.

Rueda la miseria y un río de blasfemias se pierde en la arena.

Libre... mansamente libre...

MARIA Y ÉL





María y Él...


Él no le miente, puede confiar plenamente en el silencio que lo rodea. Frío y distante, le devuelve a María su mirada cuando ella se le acerca muy lentamente. Algunas mañanas le sonríe dulce si su rostro refleja lo que María cree que es, una mueca en su cara.


En el transito de las agujas del reloj, y casi al descuido seca una lágrima, piensa que ella no lo ve, o no se ha dado cuenta, pero esa lágrima atrevida rueda hasta hacerse minúscula manchita húmeda sobre el vestido azul de María.

Personaje extraño que fascina, por su simpleza. Fiel a su dueña, sabe marcarle los errores, hasta se atreve y le hace observar que tiene muy corta la falda.


Ella ríe con él, no hay tabúes, muestra su desnudez sin sonrojos, su cuerpo se duplica en sus ojos imperturbables.

Distante y tan unido a María. Solo y reservado. Copia lo que se le presenta sin remordimientos. Ante él, la belleza o la ridiculez no tienen parámetros.


Cuando María se apasiona, y en noches febriles danza su cuerpo tras los sones del deseo, él en su rincón, lucha entre los ecos rítmicos y su frialdad.


María lo ama con el ímpetu más excentrico, y lo odia en tardes melancólicas.

María y él....

Él y María...


María y su Espejo.

domingo, 6 de febrero de 2011

LA GOTA Y LA PALABRA




La Gota y la Palabra

La gota cayó justamente en el centro del vaso, círculos concéntricos hicieron que resbalara; un fino hilo de vino tinto se derramó en el blanco mantel. Rápidamente fue retirado y colocado en el agua para quitar la mancha...

Inútilmente... siguió alli.

La palabra salió de tu boca y penetró justamente en el centro de mi corazón. Círculos concéntricos hicieron que temblara y palpitara más fuerte, un fino hilo de desamor se derramó sobre un amor que se iniciaba. Rápidamente lo retiré para quitar el dolor. Lavé mi cuerpo con agua de olvido, me sequé con toalla de renovación.

Abrí las ventanas, me abrazó el sol.